El Manual de Yahweh - La AUTENTICA Biblia Kadosh Completa de Estudio SIN ADULTERAR

viernes, 20 de enero de 2012

Arrepentimiento (Yejezkel/Ezequiel 2 y 3, y Amós 5)

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Corre por tu vida.

No es con fuerza humana ni con poder sino por tu Ruaj HaKodesh… un día paró el tren en mi puerta y sabía… que si no me subía lo perdería para siempre ¡lo sabía! Mientras estaba parado ¡me debatía!, porque sabía que partiría y que allí me quedaría. Me impacientaba por dentro porque lo que ya tenía me latía en mi interior y deseaba la partida, sin dudarlo subí, porque no quería perder ese deseo de conservar lo que se me movía en mi intimidad. Cuando subí, no tardó en partir y entonces vi a través del ventanal lo que había detrás de las vías: personas atrapadas en esta dolorosa vida, sin vida, sin esperanza, en su cotidiano vivir, haciendo lo mismo en su rutina. Mi alma se alborozaba sin saber a dónde me llevaba, pero veía a los que se quedaban y lloraba por dentro porque no tenían vida. Pero yo me alegraba porque no sabía a dónde iba pero esa aseguranza de mi vida estaba viva y segura y pacientemente recobraba vida, no veía más que la paz que me alumbraba a una senda segura.

Un día en un avión vi muchos coches y todos tenían el mismo recorrido, iban y venían, por la misma ruta. Yo volaba y sólo veía que una gran paz me inundaba y que estaba viva. No sabía mi destino pero en Sus alas estaba segura y una tierna paz me cubría. También sintió mi corazón pena por esos vehículos que seguían su curso conociendo su camino. Yo no pensé a dónde iba sólo sabía que no quería perder aquello que tenía.

¿Qué más me daba a mi la vida? Nunca me dio nada, tan solamente lo conseguía… pero era muy alto el precio porque esa paz jamás la alcancé y una vez que la tuve, tuve que jugarme la vida, me aterroricé de que aquel tren se perdiera en el andén porque ya estaba cansada de toda vanidad de ésta vida. No quería volver a mi rutina y tome la decisión ¡de romper con ésta vida! Nadie me empujó, ni presión alguna me hizo mención. Sólo que cuando encontré la vida no me importó perder todo aquello que me ataba a la nada y no tenía otra apariencia que una jaula de oro llena de prisión mortal, con apariencia virtual pero no siendo dueña de nada, porque una corriente de vida te empujaba a la nada.

Un día… paró un tren en mi estación y ese tren me llevaba a la vida y mi corazón latió deprisa porque sabía quién era su conductor. Mis ojos lo vieron y me dio la seguridad que con El no tenía ya nada que temer. Irradiaba paz, ternura, firmeza y vida y no quería quedarme sin El porque El ¡es la vida! Rápidamente corté con todo lo que me ataba, fue rápido, y me fui de vacío porque sabía que El era el que todo me lo llenaba y me cubría. Yo le abrí la puerta de mi corazón porque siempre la tuve cerrada, a nadie se la abrí, pero yo quise que fuera mi dueño y le dije que entrara dentro de mi morada y El entró y todo lo que había dentro desapareció y entonces El iluminó mi vida y conocí que Su Nombre era Yahshua, el que ahora me es, y me será por siempre, mi bendito fiel y verdadero conductor y guía.

Lo que no sabía era que un día… años atrás… vertió Su vida por mí. Cuando me lo contó sentí tristeza de mí porque El me decía que ahí estaba yo pero El clamó al Padre diciéndole: “Padre, perdónalos; porque no entienden lo que están haciendo.” (Lucas 23:34); pero me enteré que dio Su vida para volverla a tomar: “Nadie me la quita; por el contrario, Yo la pongo de mi propia voluntad. Yo tengo el poder para ponerla, y tengo el poder para volverla a tomar. Esto es lo que mi Padre me ordenó que hiciera.” (Yojanán/Juan 10:18); y vino a buscar todo lo que redimió para ofrecérselo a Su Padre Kadosh Eterno Yahweh. Su bendita sangre me redimió y cuando me dijo: ¡ven!, lo seguí porque sabía que el tren se iba y no quería quedarme aquí. No sólo le pedí que entrara dentro de mi corazón, no sólo le pedí que limpiara mi casa por dentro y por fuera con su sangre derramada, también le pedí que me perdonara porque no sabía lo que hacía; y el premio de Su paz me invadía.

¿Qué quería yo más en la vida? ¿Si sólo su origen me envolvía? ¿Qué podía yo pensar ya de todo lo que me influía? ¿Si ya no había nada de todo lo que existía?

Sólo El era mi única salida, sin saber a dónde iba, Su confianza me invadía. Sólo sé que agradecida estaba con todo lo que me ofrecía Su eterna compañía.

Si algún día para el tren en tu vida ¡corre! ¡cógelo! ¡y corre por tu vida!

E. D. Bruñó Ibáñez
D. L. Z-3259-10











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