El Manual de Yahweh - La AUTENTICA Biblia Kadosh Completa de Estudio SIN ADULTERAR

domingo, 10 de octubre de 2010

Corre por tu vida

.
No es con fuerza humana ni con poder sino por tu Ruaj HaKodesh… un día paró el tren en mi puerta y sabía… que si no me subía lo perdería para siempre ¡lo sabía! Mientras estaba parado ¡me debatía!, porque sabía que partiría y que allí me quedaría. Me impacientaba por dentro porque lo que ya tenía me latía en mi interior y deseaba la partida, sin dudarlo subí, porque no quería perder ese deseo de conservar lo que se me movía en mi intimidad. Cuando subí, no tardó en partir y entonces vi a través del ventanal lo que había detrás de las vías: personas atrapadas en esta dolorosa vida, sin vida, sin esperanza, en su cotidiano vivir, haciendo lo mismo en su rutina. Mi alma se alborozaba sin saber a dónde me llevaba, pero veía a los que se quedaban y lloraba por dentro porque no tenían vida. Pero yo me alegraba porque no sabía a dónde iba pero esa aseguranza de mi vida estaba viva y segura y pacientemente recobraba vida, no veía más que la paz que me alumbraba a una senda segura.

Un día en un avión vi muchos coches y todos tenían el mismo recorrido, iban y venían, por la misma ruta. Yo volaba y sólo veía que una gran paz me inundaba y que estaba viva. No sabía mi destino pero en Sus alas estaba segura y una tierna paz me cubría. También sintió mi corazón pena por esos vehículos que seguían su curso conociendo su camino. Yo no pensé a dónde iba sólo sabía que no quería perder aquello que tenía.

¿Qué más me daba a mi la vida? Nunca me dio nada, tan solamente lo conseguía… pero era muy alto el precio porque esa paz jamás la alcancé y una vez que la tuve, tuve que jugarme la vida, me aterroricé de que aquel tren se perdiera en el andén porque ya estaba cansada de toda vanidad de ésta vida. No quería volver a mi rutina y tome la decisión ¡de romper con ésta vida! Nadie me empujó, ni presión alguna me hizo mención. Sólo que cuando encontré la vida no me importó perder todo aquello que me ataba a la nada y no tenía otra apariencia que una jaula de oro llena de prisión mortal, con apariencia virtual pero no siendo dueña de nada, porque una corriente de vida te empujaba a la nada.

Un día… paró un tren en mi estación y ese tren me llevaba a la vida y mi corazón latió deprisa porque sabía quién era su conductor. Mis ojos lo vieron y me dio la seguridad que con El no tenía ya nada que temer. Irradiaba paz, ternura, firmeza y vida y no quería quedarme sin El porque El ¡es la vida! Rápidamente corté con todo lo que me ataba, fue rápido, y me fui de vacío porque sabía que El era el que todo me lo llenaba y me cubría. Yo le abrí la puerta de mi corazón porque siempre la tuve cerrada, a nadie se la abrí, pero yo quise que fuera mi dueño y le dije que entrara dentro de mi morada y El entró y todo lo que había dentro desapareció y entonces El iluminó mi vida y conocí que Su Nombre era Yahshua, el que ahora me es, y me será por siempre, mi bendito fiel y verdadero conductor y guía.

Lo que no sabía era que un día… años atrás… vertió Su vida por mí. Cuando me lo contó sentí tristeza de mí porque El me decía que ahí estaba yo pero El clamó al Padre diciéndole: “Padre, perdónalos; porque no entienden lo que están haciendo.” (Lucas 23:34); pero me enteré que dio Su vida para volverla a tomar: “Nadie me la quita; por el contrario, Yo la pongo de mi propia voluntad. Yo tengo el poder para ponerla, y tengo el poder para volverla a tomar. Esto es lo que mi Padre me ordenó que hiciera.” (Yojanán/Juan 10:18); y vino a buscar todo lo que redimió para ofrecérselo a Su Padre Kadosh Eterno Yahweh. Su bendita sangre me redimió y cuando me dijo: ¡ven!, lo seguí porque sabía que el tren se iba y no quería quedarme aquí. No sólo le pedí que entrara dentro de mi corazón, no sólo le pedí que limpiara mi casa por dentro y por fuera con su sangre derramada, también le pedí que me perdonara porque no sabía lo que hacía; y el premio de Su paz me invadía.

¿Qué quería yo más en la vida? ¿Si sólo su origen me envolvía? ¿Qué podía yo pensar ya de todo lo que me influía? ¿Si ya no había nada de todo lo que existía?

Sólo El era mi única salida, sin saber a dónde iba, Su confianza me invadía. Sólo sé que agradecida estaba con todo lo que me ofrecía Su eterna compañía.

Si algún día para el tren en tu vida ¡corre! ¡cógelo! ¡y corre por tu vida!


E. D. Bruñó Ibáñez
D. L. Z-3259-10

©Ministerio La Pluma Divina



.

martes, 5 de octubre de 2010

El que nunca pierde

.



¡Oh Padre Kadosh Yahweh mío! Gracias te doy porque gustaste de toda tu creación para tus criaturas y de tu boca salió y de tu sonido toda la expansión de tu configuración. Tú eres amigo del hombre y cuando oyen tu voz te reconocen a ti y saben de tu fidelidad y de tu inquebrantable verdad fidedigna. Tú les diste entendimiento desde la matriz; por ello cuando nacen todos dicen: ¡Abba!; reconociéndote a ti como su único Autor.



Pero el hombre quiso ser más que su Creador haciéndole siempre culpable de sus desgracias y de todo lo que tiene delante de sus ojos, juzgándole y llenándose de odio, retándole e interrogándole constantemente. Pero Yahweh no quiso que el hombre se perdiera, por una desobediencia, sino que “amó tanto al mundo, que dio a su único e incomparable Hijo, para que todos los que en El confíen puedan tener vida eterna, en lugar de ser completamente destruidos.” (Yojanán/Juan 3:16) y de su gran paciencia y bondad El, Yahshua, vino no para juzgar al mundo sino que “vino a buscar y salvar lo que estaba perdido.” (Lucas 19:10). Vino como Cordero Inmolado; porque sabía a qué vino; enmudeció, como Cordero fue al matadero, como Ofrenda de Amor a Su Padre para que no cayera sobre nosotros Su justicia sino sobre El por nosotros. Y aún rogándole le decía: “Padre, perdónalos; porque no entienden lo que están haciendo.” (Lucas 23:34).



¡Cómo conocía el Cordero Inmolado a Su Pastor, a Su Autoridad, a Sus criaturas vivientes, sabiendo aplacar Su justicia en Su sola carne, en Su sola sangre, en Su virtud, en Su mansedumbre de Su solo Amor que llegó a la suprema complacencia de Su majestad suprema, Yahweh el Elohim Todopoderoso de justicia y cetro! ¿Quién como El?



Yahshua es el tierno Pastor paciente y humilde que ama a Sus ovejas y las mira y escucha sus pensamientos y las alienta en todo tiempo y lugar y cuando una se aparta va detrás de ella y la llama y le avisa y la carga en Sus hombros y la trae de vuelta al rebaño. El sólo las conoce y cuando oyen Su voz le siguen. Las conoce a todas por su nombre y a todas las vigila y en todo tiempo las corrige y les enseña. A eso vino, a por Su rebaño esparcido. El las conoce, no hay lugar escondido. Y se presenta delante de ella y le llama. Es el que nunca pierde lo que Su Padre le confió y se las llevará de vuelta a Su redil.



“YAHWEH envió a Natan el profeta a David. El vino, y le dijo: En cierta ciudad había dos hombres, uno rico, y el otro pobre. 2 El rico tenía vastos rebaños y manadas; 3 pero el hombre pobre no tenía nada, excepto por una pequeña e insignificante oveja, la cual él compró y crió. Ella había crecido con él y sus hijos; comía de su pan, bebía de su copa, se recostaba sobre su pecho; era como una hija para él. 4 Un día un viajero visitó al hombre rico, y en vez de escoger un animal de su propio rebaño o manada para cocinar para su visitante, él cogió la oveja del hombre pobre y la cocinó para el hombre que había venido a él. David estaba conmovido con furia contra el hombre, y dijo a Natan: ¡Cómo vive YAHWEH, el hombre que hizo esto por seguro morirá! (Sh'mu'el Bet/2 Samuel 12:1-5)



Sólo una oveja perdió para que se cumpliera lo que estaba escrito: “Cuando Yo estaba con ellos, los guardaba por el poder de Tu Nombre, que Tú me habías dado; sí, Yo me mantuve vigilante sobre ellos, y ni uno sólo fue destruido (Excepto el designado a destrucción, para que se cumpliera el Tanaj) (Yojanán/Juan 17:12)



Si oyeras hoy Su voz escúchale con atención porque el que te llama es El Buen Pastor, el que dio Su vida por ti y pasó El mismo, Yahshua, por tu estaca de ejecución; porque hasta la mismísima muerte de juicio pendía sobre nosotros, pero El nos quiso librar de la justicia que nos merecíamos llevándolo a cabo por Amor a El, Yahweh es Su Nombre, nuestro Creador, nuestro Elohim del Universo.



Gracias te damos por Tu hijo unigénito, por Su paciencia, por Su amor, ¡por Su vida!, por Su resurrección, pasando a ser nuestro Mediador, Sacerdote e Intercesor; el que era y fue, es y será por los siglos. Gracias te doy por Tu vida derramada. Ten piedad de mí por misericordia, por Tu piedad, por Tu paciencia, por Tu amor. ¡Perdóname!, por mi ceguedad y mi terquedad y por mi sordera espiritual. Ten misericordia mi Amado Pastor. Entra dentro de mi corazón. Posee mi alma, mi mente y todo mi ser. Cúbreme con Tu sangre preciosa, la que derramaste por mi vida, por mí. ¡Sálvame! Guíame y condúceme bajo tu cuidado. Protégeme y a Tu abrigo y en seguridad y confianza Contigo andaré por la senda que junto a Ti yo andaré. Escríbeme en el libro de la vida porque sólo hay vida en Ti, mi Yahshua Ha Mashíaj. Amén.



Gracias Padre mío, Yahweh, bendito por haber dado a Tu hijo. Pastoréame hasta que llegue al redil del Padre porque sé que a ninguno perderás, sólo aquella que estuvo en Tu camino para que todas las demás seguras en Tu mano siempre estarán.



¡¡Gracias Abba por Tus palabras llena de Gracia derramadas!!



Crece dentro de mí, aumenta la dicha de conocerte a Ti. Mi alma te alabe de haberte encontrado, al Enviado por Excelencia, y de haber escuchado Su voz y entrar dentro de mi habitación donde mi alma Te glorifica de ver de cerca mi redención en Ti, mi Adón.



E. D. Bruñó Ibáñez

D. L. Z-3259-10



©Ministerio La Pluma Divina




.