martes 8 de diciembre de 2009

Acerquémonos, pues, confiadamente al trono de la gracia, para alcanzar misericordia y hallar gracia para el oportuno socorro” (Hebreos 4:16). “En quien tenemos seguridad y acceso con confianza por medio de la fe en él” (Efesios 3:12). Estos versículos nos hablan de que venir al Señor con confianza con nuestras presentes, le agrada a Él.

Cuando Dios nos dice que vayamos a su trono confiadamente, con seguridad, no se refiere a una sugerencia. Es su preferencia, y debemos tomarla en cuenta. Así que, ¿de dónde obtenemos esta confianza, este acceso seguro para la oración?

La oración eficaz del justo puede mucho” (Santiago 5:16). La palabra “eficaz”, acá leída, proviene de una palabra cuya raíz griega significa: “una posición firme”. Sugiere una actitud inconmovible, sólida. También implica la palabra “fervor” que se refiere a una confianza construida sobre una evidencia contundente, una prueba absoluta que respalda la petición. Ambas palabras juntas: “fervor eficaz”, significan venir a los atrios del Señor, con el pleno convencimiento de tener un caso muy bien elaborado. Esto va mucho más allá de las emociones, los gritos o un entusiasmo exagerado.

Dicha oración sólo puede venir de un siervo que busca la Palabra de Dios y está plenamente persuadido de que el Señor está obligado a cumplirla. De hecho, es importante que ninguno de nosotros vaya a la presencia de Dios sin traer consigo su Palabra. El Señor quiere que traigamos sus promesas, que se las recordemos, que lo comprometamos con éstas y nos pongamos de pie, firmes, sobre dichas promesas.

Vemos la demostración de esto en Hechos 10, cuando Pedro recibió una visión. Dios le dijo al apóstol: “Unos hombres vienen a tu puerta, y te pedirán que vayas con ellos. Yo los he enviado, Pedro, así que quiero que vayas con ellos, sin duda alguna”.

¿Qué nos enseña este pasaje? Dice que cuando Dios declara que algo es verdad, nosotros debemos creerlo y asumir dicha posición, sin consultar con la carne. Simplemente, no podemos medir la veracidad de la Palabra de Dios, haciendo un examen de cómo estamos o cuán dignos somos. Si lo hacemos, simplemente terminaremos viendo que somos indignos. Y nos convenceremos a nosotros mismos de no reclamar su Palabra, ni apropiarnos de ella.

Más aun, se nos ha dado ayuda para acercarnos al trono de gracia de Dios. La Biblia dice que nosotros hacemos nuestras peticiones en el trono de Dios y que Cristo es nuestro intercesor o abogado. Tenemos también al Espíritu Santo, parado a nuestro lado en los atrios del Padre. El Espíritu es nuestro “paracleto”, es decir, el consejero. Él se para junto a nosotros para hacernos acordar los decretos divinos y la constitución divina sobre la que se basa la Palabra de Dios.

De esa forma tenemos estas increíbles promesas, de un abogado y un consejero, parados al lado nuestro, para darnos confianza al venir al trono de Dios.


Escucharé lo que el Señor va a decir; pues va a hablar de paz a su pueblo, a los que le son fieles para que no vuelvan a hacer locuras. En verdad Dios está muy cerca para salvar a los que le honran; su gloria vivirá en nuestra tierra. El amor y la verdad se darán cita, la paz y la justicia se besarán, la verdad brotará de la tierra y la justicia mirará desde el cielo. [Salmo 85,8 - 11]

Tratemos de imaginar la reacción de los amigos cuando Jesús le dice al enfermo: “Amigo, tus pecados quedan perdonados[Lucas 5,20]. Los escribas y fariseos comienzan a murmurar en su contra: “¿Quién es éste que se atreve a decir palabras ofensivas contra Dios?” Y la reacción de la gente que rodea al Señor: asombro, reverencia, temor, confusión, e incluso esperanza. De lo que no hay duda es que nadie se fue ese día sin que lo sucedido le hubiera llegado al fondo del corazón.

Todos los días tenemos la oportunidad de escuchar lo que el Señor nos quiere decir en la Escritura. Dejemos que Dios nos hable en el episodio del paralítico y sus amigos, de los fariseos y los espectadores. Recibamos al Señor en lo secreto de nuestro corazón y escuchemos su voz.

¿Necesitamos sanación en algún aspecto de nuestra vida: en el organismo, en la mente, en las emociones? ¿Sentimos el peso del pecado y necesitamos el perdón de Dios? ¿Nos vemos paralizados por los problemas o circunstancias de la vida? Jesús es el mismo hoy que hace dos mil años, y Él actuará conforme a la fe que tengamos, por pequeña que sea.

“Padre eterno, te doy gracias por enviarnos a tu Hijo Jesús. Aumenta mi fe en Ti, Señor, porque no quiero que ningún obstáculo me impida recibir el perdón y la sanación que tienes para mí.”

Otra vez digo: ¡Regocijaos!

“Regocijaos en el Señor siempre. Otra vez digo: ¡Regocijaos!”
Filipenses 4:4

¿Le parece esto una sugerencia o un mandato? En realidad es un mandato ¡Dios quiere que siempre nos regocijemos en Él! En todo tiempo, debemos regocijarnos.

El gozo es un fruto del Espíritu y ya está dentro de su vida. El gozo no depende de lo que lo rodea o de cómo usted se sienta. El gozo es una verdadera fuerza espiritual, tan necesaria como la fe y el amor para vivir la vida de victoria que Dios le preparó.

El gozo del Señor es la fuente de fortaleza que usted necesita para moverse con la fe en las promesas. El gozo lo impulsa y lo mantiene, es por eso que el diablo quiere verlo siempre amargado y desanimado, con la cara larga, porque si le quita las fuerzas lo logra derrotar.

Usted es un vencedor. Mire a Jesús, la Palabra dice que “con el gozo puesto delante de él sufrió la cruz, menospreciando el oprobio, y se sentó a la diestra del trono de Dios” Ve, Jesús usó este poder para llegar a la meta del Padre. Seguramente las situaciones que pasó el Señor no eran para estar riéndose a carcajadas y es más, tendría motivos suficientes para quejarse y amargarse por lo que debía pasar. Pero el conocía el poder del gozo de Dios.

El gozo se manifiesta cuando usted mira las promesas y pone su seguridad en ellas y no en lo que ve. Pablo y Silas estaban encarcelados, pero alababan a Dios sabiendo que Él era poderoso para librarlos. Y qué ocurrió,¡la prisión se abrió!

Si usted está pasando por enfermedad, deudas, depresión, si perdió las fuerzas y las ganas de continuar, es tiempo que ponga sus ojos en las promesas de Dios y le dé gracias porque su problema ya fue solucionado. Desarrolle el gozo de Dios, declare la victoria sobre su problema y muévase en fe.

Decídase regocijarse en Dios y no habrá nada que el diablo pueda hacer para robarle su victoria.

Oración: Padre me regocijo en Ti. Saco mis ojos de las circunstancias y los pongo en tus promesas. Gracias porque toda enfermedad se va de mi cuerpo ahora, gracias porque la tristeza y la amargura se van. Gracias porque me das la sabiduría y provisión sobrenatural para cancelar mis deudas. Recibo ahora la fortaleza que viene de Ti. En el nombre de Jesús. Amén. Gracias Padre, has llenado mi vida de tu paz.

Apóstol Juan O. Crudo.

"Y lo he llenado del Espíritu de Dios, en sabiduría y en inteligencia"
Éxodo 31: 3
Todos necesitarnos sabiduría para manejar los asuntos de nuestra vida. Hay momentos cuando no sabemos qué hacer, adónde ir, qué decir, ni siquiera qué pensar. Si compartimos nuestro desconcierto con otras personas, cada una tendrá un consejo diferente para darnos. Si escuchamos a todos sólo conseguiremos confundirnos más. Podemos encontrar consejos sanos en la gente que nos rodea; también hay libros que tratan distintos temas y pueden orientar pero, en definitiva, somos nosotros, personalmente, los que debernos tomar las decisiones y determinar el curso de nuestras acciones. Qué maravilloso es saber que tenemos una fuente inagotable de sabiduría a nuestra disposición. Cuando Moisés, el siervo de Dios y líder del pueblo de Israel, tenía que construir el Tabernáculo (una especie de capilla de campaña que los israelitas usaron mientras cruzaban el desierto), Dios llenó de Su Espíritu de sabiduría e inteligencia a un hombre, llamado Bezaleel, para que realizara el trabajo.
¿Qué decisión debe tomar? ¿Para qué necesita sabiduría? El Espíritu del Señor está en nosotros para guiarnos. Cuando más aprendemos a escuchar Su voz, más fácil se nos hace confiar en Él y tomar las decisiones sin equivocación.
Señor Amado: Qué sensación de paz da el saber que Tú pones en mí el Espíritu de sabiduría y me guías en las grandes decisiones de la vida, como también en las pequeñas. Recibo ese poder ahora, recibo la iluminación Divina y te doy gracias, Padre, en el Nombre de Jesús. Amén.

lunes 7 de diciembre de 2009

Y habiendo orado con ayunos, los encomendaron al Señor en quien habían creído".
Hechos 14:23b
Cada día Dios abre las puertas de Su corazón para que podamos entrar y encontrar lo que necesitamos. Reciba todo lo que Él tiene preparado para usted. Reciba el poder de ser libre y vivir confiando en El.
Padre Celestial. Dios Eterno: Tú que has manifestado Tu gloria y poder en el pasado, eres la Palabra Viviente. Tú eres un Dios que no se muda, todas Tus promesas son sí y amén. Vengo con corazón sencillo, a decirte que quiero llegar a algo en la vida. Quiero ponerme metas y alcanzarlas. Ayúdame a creer que aquello que parece imposible puede ser posible mediante Tu intervención, mediante el poder del Espíritu Santo. Padre, libera a aquellos que se han sentido fracasados, enfermos, debilitados, y a los que han equivocado el camino. Te pido por los atormentados por malos espíritus, por intento de suicidio, hazles libres en el Nombre de Jesús. Reprende el falso espíritu de desánimo, de fracaso, de pereza; que el poder de Tu Espíritu entre en mi vida y me dé la energía, la vitalidad para ser una persona que irradie Tu luz. Gracias, mi Dios, porque las cosas viejas han pasado y son hechas nuevas. Te entrego todo mi ser, hazme libre, desátame ahora. Te alabo, Padre, con todo mi corazón. Siento Tu maravillosa presencia porque la luz de Tu Espíritu ha entrado en mi mente para liberarme de las opresiones y de las tinieblas. Oh, Espíritu Santo, sigue llenando mi espíritu, alma y cuerpo con Tu dulce presencia. Te amo, Señor. Gracias porque puedo mirarte a cara descubierta, sabiendo que soy hijo de Dios. Gloria a Tu Santo Nombre, ahora y siempre. Amén.

sábado 5 de diciembre de 2009


Dios nos ha prometido: “…en las tribulaciones, (cuando enfrentes una crisis persistente, siempre presente), Yo seré tu ayuda, siempre presente” (ver Salmos 46:1).

La frase: “siempre presente”, significa: “siempre acá, siempre disponible, con acceso ilimitado”. En resumen, la presencia viviente del Señor está siempre en nosotros. Y si Él está siempre presente en nosotros, entonces Él desea una continua conversación con nosotros. Él desea que hablemos con Él, sin importar donde estemos: en el trabajo, con la familia, con amigos, incluso con inconversos.

Rehúso aceptar la mentira que Satanás ha sembrado hoy en tantos hijos de Dios: que el Señor ya dejó de hablarle a su pueblo. El enemigo quiere que pensemos que Dios ha permitido a Satanás crecer en poder e influencia, pero que a la vez, Dios no ha equipado a su pueblo con una mayor autoridad. No, ¡jamás! La Escritura dice: “vendrá el enemigo como río, mas el Espíritu de Yahweh levantará bandera contra él” (Isaías 59:19). No importa lo que el diablo traiga en contra nuestra. El poder de Dios en su pueblo siempre será mayor que los ataques de Satanás.

Este versículo de Isaías, de hecho, se refiere al portador de la bandera o estandarte que iba al frente del ejército de Israel. El Señor siempre guió a su pueblo a la batalla, detrás de su poderoso estandarte. De la misma manera hoy, Dios tiene un ejército glorioso de huestes celestiales que marcha bajo su bandera, listos para ejecutar sus planes de batalla en nuestro favor.

Quizás usted pregunte: “¿Cómo, entonces, nos da Dios su ayuda en nuestros problemas?” Su ayuda viene en el regalo de su Espíritu Santo, quien mora en nosotros y obra la voluntad del Padre en nuestras vidas. Pablo nos vuelve a decir vez tras vez que nuestro cuerpo es el templo del Espíritu Santo. Somos el lugar de morada de Dios en la Tierra.

Por supuesto, repetimos a menudo esta verdad, en nuestra adoración y testimonios. Pero muchos de nosotros no lo tomamos en serio. Simplemente no entendemos el poder que está contenido en dicha verdad. Si lo entendiéramos y confiáramos en él, nunca más sentiríamos temor ni desmayaríamos.

Yo mismo no he aplicado completamente esta lección en mi vida. Aun después de todos mis años como ministro, sigo tentado a pensar que debo producir algún tipo de emoción para poder oír de Dios. No, el Señor está diciendo: “No tienes que pasar horas esperándome. Yo resido en ti. Estoy presente para ti, día y noche”.

Escuche el testimonio de David: “Bendeciré a Yahweh que me aconseja; aun en las noches me enseña mi conciencia. Yahweh he puesto siempre delante de mí; porque está a mi diestra, no seré conmovido” (Salmos 16:7-8). David está declarando algo: “Dios está siempre presente delante de mí. Y yo he determinado mantenerlo a Él en mis pensamientos. Él me guía con fidelidad en el día y en la noche. Nunca más estaré confundido”.

"..Orad unos por otros, para que seáis sanados ".
Santiago 5:16b
Qué bueno es saber que alguien está orando por nosotros.
Las oraciones de los demás nos ayudan a perseverar, nos elevan y fortalecen. El asombroso resultado de nuestras oraciones individuales nos alienta a seguir orando, pero las oraciones de los demás llegan como olas de fortaleza a nuestro ser cuando por distintas causas nos encontramos, a veces, sin fuerzas para orar por nosotros mismos. Cuántas veces, justo en ese momento, cuando parece que vamos a darnos por vencidos, cuando sentimos que estamos flaqueando llega hasta nosotros una inesperada renovación espiritual y sentimos nuevas fuerzas para seguir adelante, para seguir creyendo y esperando. Esas son las amorosas oraciones de los que nos aman en el Señor. Por eso, permítame alentarle a practicar la oración diariamente.
Ore por usted, por sus necesidades, ore pidiendo a Dios bendiciones para su vida, pero también practique la oración por los demás. Interésese por los otros, derrame bendiciones sobre ellos con amor y perseverancia, y verá como se entrelazarán las peticiones de unos por los otros y las bendiciones caerán sobre todos como un manto del divino amor de Dios que nos cubrirá y unirá.